Arte Viejo Palacios, Jose Luis Viejo Palacios

          MADRID  Y VIEJO PALACIOS POR LA PAZ     > Criticas por la Paz Y la Pobreza

Criticas por la Paz Y la Pobreza

¿Quienes son los pobres?



Los pobres son aquellos que día a día luchan por sobrevivir, aquellos que son amenazados de muerte diariamente, no solo por una circunstancia transitoria, sino por una estructura social y cultural permanente, que los depaupera crónicamente y los lleva a la muerte antes de su tiempo natural de vida, muchas veces por una violencia directa (guerra, represión, delincuencia, etc.) y otras veces por una violencia indirecta (falta de alimentación, trabajo, salud, servicios, etc.), “son ovejas destinadas al matadero” de una u otra forma. (Cfr. Sobrino, 1991) Los pobres no eligieron la pobreza, nacieron en medio de ella, están condenados socialmente a vivir en ella, solo de manera excepcional individual o en pequeños grupos, logran salir de ese infierno, pero no como pueblos o naciones, su condena ha sido fraguada históricamente para reproducir un sistema mundial donde solo un puñado de países puedan perpetuar su enriquecimiento a costa del empobrecimiento de la mayoría de los países del mundo.
Por eso la pobreza es el mas grande de los infiernos humanos, donde se evidencia el pecado del mundo, que se erige sobre estructuras sociales que necesitan el sacrificio de la mayoría de la población del planeta para perpetuarse.
Este crimen es un pecado estructural, que coloca en el centro de la civilización al dinero y no al ser humano.
En este sentido, la pobreza es el resultado de un pecado estructural, social, no personal, aunque también contribuyan nuestros pecados personales para reproducir el pecado social. La pobreza es el pecado estructural más arraigado y más poderoso en la tierra.

De él depende el poder del dinero, que compra y vende bienes, mercado, jueces, cuerpos, prestigio, conocimientos y habilidades, cargos públicos, etc. Lo único que el dinero no puede comprar y vender es la persona y su dignidad, porque no tienen precio, son valores consustanciales a su existencia y no pueden poseerse en la inmanencia del intercambio, pues habitan en lo que comunica trascendentemente lo humano. La persona es trascendente y al mismo tiempo necesita expresarse históricamente, pero no se agota en lo temporal de su existencia, porque va más allá de sí misma, allí radica su dignidad, la dignidad de ser para los otros, la dignidad de ser prójimo con otros prójimos, la dignidad de ser hijos y hermanos en Dios.Por eso, la pobreza aún siendo el mayor de los estigmas provocado por el pecado del mundo, no borra la dignidad de la persona. Al contrario, es en medio de esos estigmas donde se revela en plenitud la dignidad de ser persona. Para los seguidores de Jesús, el modelo de esta plenitud es Cristo crucificado que ha resucitado de entre los muertos. Nuestro Dios eligió a Jesús porque en él se reveló en plenitud, porque en él reveló la dignidad de ser persona humana delante del pecado del mundo, que lo rechazó, lo persiguió, lo condenó a muerte y a una muerte de cruz, asesinando su cuerpo y denigrando su memoria. Nuestro Señor Jesús nació en el pesebre de la pobreza, pesebre que es signo de la cruz de los pobres por situación; y también resucitó de entre los muertos, es decir, de entre los condenados a muerte, de entre los crucificados de la tierra, signo de la pobreza por opción.
Jesús nace en la cruz, opta y vive su cruz; muere por y en la cruz; y resucita de nuevo en medio de la cruz. El signo del resucitado no puede estar fuera de la cruz, olvidarse de ella es olvidarse del mayor signo de la revelación de Dios, que está presente aún en las tinieblas del pecado del mundo, ya que su presencia es más fuerte, más penetrante y más ineludible, cuando el poder del pecado quiere hacerlo más ausente hasta desaparecerlo.

Allí radica el poder de la resurrección, pues en medio de la cruz Jesús vive más allá de sí mismo, y al morir en la cruz Jesús atrae a todos tras de sí. Su vida histórica y su vida espiritual están unidas por la cruz, la histórica porque nace en una condición de pobreza no voluntaria, sino obligada.
La espiritual porque al optar por los pobres de la tierra, elige vivir su crucifixión. Es una opción que no se agota con su muerte natural, en cada generación irrumpe de nuevo con su resurrección en medio de los crucificados de la tierra, no solo para que puedan vivir con dignidad su cruz, que es signo de su redención para nuestros pecados personales, sino también, como signo de salvación del mundo, para revelar la indignidad de continuar crucificando a los pobres de la tierra, expresión mortal de los pecados estructurales de la humanidad. Al anunciar su presencia permanente en el mundo, da fuerza, compañía y esperanza a los pobres, esa es la buena noticia de su verdad; y a la par denuncia las relaciones y estructuras de pecado que atan al pobre a su pobreza, esa es la buena noticia de su justicia, denuncia la mentira y el asesinato del que son objeto, y así libera a los oprimidos, a los crucificados de la tierra, devuelve la vista a los ciegos, aquellos que miraban pero no veían; cura a los enfermos y a los endemoniados, heridos en su cuerpo por la pobreza y trastornados en su mente por los prejuicios y la discriminación; hace caminar a los que estaban paralizados por el miedo personal y el odio social; y levanta a los muertos, es decir, resucita a los que han estado crucificados por el pecado del mundo para que no se deje de escuchar su clamor: ¡No Más!, esos son los frutos de su evangelización. La dignidad de la persona se revela por su grandeza de espíritu ante el sufrimiento y la muerte; y es así también, porque revela la bajeza de espíritu de quien provoca ese sufrimiento y esa muerte.La dignidad humana se revela en contraposición a la indignidad de quien no la respeta y la condena a la cruz.
La cruz es un signo de contradicción que Jesús histórico y resucitado asumió y asume como signo de su presencia. Por ese signo, sabemos de él, porque él se nos ha comunicado, por ese signo, sabemos de su resurrección en este siglo y lo sabrán en los venideros, los que lo sigan.

La cruz es signo de contradicción, porque es signo de muerte, no de cualquier muerte, sino de muerte violenta, fraguada por el pecado del mundo. Así también la cruz es signo de vida, cuando a través de ella se denuncia la muerte que esta acarrea, cuando por su medio podemos proclamar la dignidad de la vida que se quiere arrebatar, y cuando a pesar de todo eso, la muerte continúa, al ofrendar nuestra vida por medio de la cruz provocamos más vida en quienes nos rodean.
Optar por la cruz no es un acto suicida, es un reconocimiento de una realidad que no podemos eludir humanamente, es aceptar la condición humana donde el pecado del mundo tiene libres aún las manos, y que con nuestra entrega a la cruz de los pobres de la tierra, podemos darnos en la plenitud y gratuidad de nuestra vida, en virtud del mas alto sentido que ésta tiene, la de ser prójimos entre los prójimos. Todo lo contrario al suicida que ha perdido ya su sentido de vida, habitando en la inercia de toda relación, sujeto a la desesperación que ha oscurecido en su conciencia, la dignidad que tiene su vida para sí mismo en los demás, si él la acogiera y otorgara en gratuidad, como él mismo la ha recibido.

“Revestíos del hombre nuevo” (Ef. 4, 22-24) dice el apóstol Pablo y en otro pasaje “estoy crucificado con Cristo” (Gal.2, 19-20). Revestirse del hombre nuevo es estar crucificado con Cristo, donde él ahora está crucificado, en la historia y en el Espíritu.
Por la historia el signo de la cruz es maldita, por el Espíritu el mismo signo de la cruz es bendita. Por la historia reconocemos porque es verificable, dónde hay ahora crucifixión, en las 4 quintas partes de la población del planeta, ahí tenemos la seguridad que está el crucificado que ha resucitado.
Por el Espíritu sabemos que nosotros también podemos optar vivir con ellos su crucifixión y convertirnos con ellos en signo de salvación, que da vida y vida en abundancia en medio de la cruz.
Revestirnos del hombre nuevo, que es Cristo, es entrar a la pobreza por situación, mediante un proceso de conversión personal y comunitario, que nos lleve a la pobreza por opción. Cristo Jesús es el Dios de la pobreza de espíritu, porque habita en medio de los pobres de la tierra.La pobreza de espíritu no es el inicio del camino es su llegada, pues ¿quien más pobre, que aquél que entregó su Espíritu al ser crucificado?.

http://cerritos.cyberme.com/BenitoBalam/Amaras.html

Crónica de una deportada

Por Valentina Palma, documentalista chilena
Santiago de Chile, Martes 9 de Mayo, 2006


Los soldados penetraron en las chozas de los indios amigos de Canek.
Si el indio tenía un machete colgado de la pared, de un porrazo lo
tendían muerto.  Si el indio no tenía un machete colgado de la pared, de
un porrazo lo  tendían muerto.
El capitán explicaba:
-En algún lugar lo debe tener.
Los blancos gritaron:
-¡Se han sublevado los indios!
Canek / Ermilo Abreu Gómez

Mi nombre es Valentina Palma Novoa, tengo 30 años, de los cuales los
últimos once he vivido en México. Soy egresada de la Escuela Nacional de
Antropología e Historia y actualmente curso el cuarto año de Realización
cinematográfica en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Tengo FM 3
de estudiante.

A continuación quisiera relatar a usted los acontecimientos de los que
fui  testigo durante los violentos incidentes ocurridos en el poblado de
San  Salvador Atenco el Jueves 4 de Mayo del 2006, los cuales terminaron
con mi  expulsión del país de manera injusta y arbitraria.

1.- El día miércoles 3 de Mayo, luego de ver las noticias en televisión
y  enterarme de la muerte de un niño de 14 años, mi condición de
antropóloga  y documentalista hizo que me conmoviera con el deceso de
éste pequeño por  lo cual decidí dirigirme a San Salvador Atenco a
registrar cual era la  situación real del poblado. Pasé allí la noche,
registrando las guardias  que la gente del pueblo había montado y
realizando entrevistas en las  mismas. Hacía frío, me arrime a las
fogatas que la gente del pueblo había  montado mientras seguía
registrando imágenes. La luz del amanecer  anunciaba un nuevo día:
jueves 4 de Mayo. Han de haber sido como las 6 de  la madrugada cuando
las campanas de la iglesia de San Salvador Atenco comenzaron a sonar:
tum tum tum tum, una y otra vez, mientras por el  micrófono se
vociferaba que la policía estaba sitiando el poblado. Las  bicicletas
iban de un lado a otro, la panadería de un costado de la  iglesia ya
había abierto sus puertas y la calidez del olor del pan recién  horneado
inundaba la calle junto con el ir y venir de los campesinos en
bicicleta. El señor que vendía atoles me dijo que tuviera cuidado, que
los que venían "eran muy cabrones". Me dirigí a una de las guardias,
donde los campesinos miraban en dirección a la manada de policías que
allá a lo  lejos se veía. Metí el zoom de la cámara, me di cuenta que
eran muchos y que cubiertos por sus escudos avanzaban dando pequeños,
imperceptibles  pasos. Sentí miedo, ellos eran muchos fuertemente
armados y los campesinos  pocos y desarmados. En la pantalla de mi
cámara veo como uno de los  policías apunta y dispara hacia nosotros un
proyectil que cuando llego a  mi lado pude oler y sentir que era de gas
lacrimógeno. Más y más gases  lacrimógenos rápidamente fueron sepultando
la calidez del olor a pan  recién horneado y transformaron el angosto
callejón en un campo de  batalla. El aire era ya irrespirable y me fui a
la plaza mientras las  campanas sonaban con mas fuerza, por diferentes
calles se veía a la  policía a lo lejos avanzar. La poca resistencia que
hubo por parte de los  campesinos dejo de resistir ante el ataque de las
fuerzas policiales que  abruptamente se avalanzaron sobre los
pobladores. Apagué mi cámara y junto  con los demás corrí lo más rápido
que pude. Frente a la iglesia había un  edificio público con las puertas
abiertas y ahí me metí a esperar  ilusamente que la turbulencia pasara.
Habían ahí dos jóvenes  resguardándose también ilusamente del ataque.
Éramos tres y nos mirábamos  las caras angustiados y con miedo.
Cuidadosamente me asome a mirar a la  calle y ví como cinco policías
golpeaban con toletes y patadas a un  anciano tirado en el piso sin
compasión alguna. Sentí más miedo, regresé y  le dije a los otros dos
jóvenes que necesitábamos escondernos más, que ahí  estábamos muy
expuestos. Ilusamente nos subimos a la azotea y acostados  boca arriba
mirábamos los helicópteros que como moscardones ronroneaban en  el
cielo, mientras el sonido de los disparos fueron formando parte del
paisaje sonoro del lugar. Una voz de hombre violentamente nos gritoneaba
"bajen a esos cabrones que están en la azotea". Primero bajaron los dos
jóvenes, yo desde arriba miraba como los golpeaban y con pánico no quise
bajar, ante lo que un policía gritó: "bájate perra, bájate ahora". Baje
lentamente, aterrorizada de ver como golpeaban en la cabeza a los dos
jóvenes. Dos policías me tomaron haciéndome avanzar mientras otros me
daban golpes con sus toletes en los pechos, la espalda y las piernas.
Mis  gritos de dolor aumentaban cuando escuche la voz de alguien que
preguntaba  por mi nombre para la lista de detenidos, respondí
"Valentina, Valentina  Palma Novoa" mientras un policía me ordenaba que
me callara la boca y otro  me golpeaba los pechos. Una voz de hombre
ordeno que me taparan con los  escudos para que no vieran como me
golpeaban. Se detuvieron a un costado  de la iglesia y ahí me ordenaron
que junto a los demás detenidos me  hincara y pusiera mis manos en la
nuca. Siguieron golpeándonos, mi celular  sonó y una voz ordenó que
registraran mi bolsa. En ese momento fui  despojada de mi cámara de
video, de mi celular y mi pequeño monedero con  mis identificaciones y
quinientos pesos. Me levantaron de los pelos y me  dijeron "súbete a la
camioneta puta". Apenas podía moverme y ellos exigían extrema rapidez en
los movimientos. Me avalanzaron encima de otros cuerpos  heridos y
sangrantes y me ordenaron bajar la cabeza sobre un charco de  sangre, yo
no quería poner mi cabeza en la sangre y la bota negra de un  policía
sobre mi cabeza me obligo a hacerlo. La camioneta encendió motores y en
el camino fui manoseada por muchas manos de policías, yo solo cerré  los
ojos y apreté los dientes esperando que lo peor no sucediera. Con mis
pantalones abajo, la camioneta se detuvo y se me ordeno bajar,
torpemente  baje y una mujer policía dijo: "a esta perra déjenmela a mí"
y golpeó mis  oídos con las dos manos. Caí y dos policías me tomaron
para subirme al bus en medio de una fila de policías que nos pateaban.
Arriba del bus otra  policía mujer pregunto mi nombre mientras dos
policías hombres pellizcaban mis senos con brutalidad y me tiraron
encima del cuerpo de un anciano cuyo rostro era una costra de sangre. Al
sentir mi cuerpo encima el anciano  gritó de dolor, trate de moverme y
una patada en la espalda me detuvo, mi  grito hizo gritar al anciano
nuevamente, que pedía a dios piedad. Una voz  de mujer me ordeno que me
acomodara en la escalera trasera del bus, así lo  hice y desde ahí pude
ver los rostros ensangrentados de los demás  detenidos y la sangre
esparcida en el piso. Sin estar yo sangrando, mis  manos y ropa estaban
salpicadas de sangre de los otros detenidos. Quieta y  escuchando los
quejidos de los cuerpos que estaban a mi lado, escuchaba  como seguían
subiendo detenidos al bus y preguntando sus nombres en medio  de golpes
y gritos de dolor. No se cuanto tiempo pasó, pero el bus cerró  sus
puertas y hecho a andar. Dimos vuelta cerca de dos o tres horas. La
tortura comenzó y cualquier pequeño movimiento era merecedor de otro
golpe más. Cerré los ojos y trate de dormir, pero los quejidos del
anciano que  estaba a mi lado no lo permitieron, el anciano decía: "mi
pierna, mi
pierna, dios, piedad, piedad por favor". Lloré amargamente pensé que el
anciano moriría a mi lado, moví mi mano y trate de tocarlo para darle un
poco de calma, un tolete fue a dar sobre mi mano, ante lo cual, con un
gesto, pedí compasión al policía que dejo de golpearme. Queriendo darle
un poco de amor acaricie la pierna del anciano que por unos momentos
dejo de quejarse. Le pregunte su nombre y me respondió. "Si me muero no
lloren, hagan una fiesta por favor". Lloré en silencio sintiéndome sola
en  compañía de los otros tantos cuerpos golpeados, pensando lo peor;
que nos  llevarían a quien sabe que lugar y que ahí nos matarían y
desaparecerían a  todos. Por un momento me dormí, pero el olor a sangre
y muerte me  despertó. Al abrir los ojos vi la pared de una cárcel. El
bus se detuvo y  una voz ordenó que bajáramos por la puerta trasera. Me
ordenaron pararme y  la puerta se abrió y mi cara llorosa y descubierta
vió una fila de policías, sentí miedo otra vez. Desde abajo una voz
ordenó que se cerrara  la puerta y que los detenidos debían salir con el
rostro cubierto. Un  policía me tapó la cabeza con mi chamarra y las
puertas volvieron a  abrirse otra vez. Abajo del bus un policía me
agarro con una mano de los  pantalones y con la otra mantenía mi cabeza
gacha. La fila de policías  comenzó a tirar patadas a mi cuerpo y al de
los demás detenidos que eran  parte de la fila. La puerta del penal se
abrió y nos avanzaron por  estrechos pasillos en medio de golpes y
patadas. Antes de llegar a una  mesa de registro, cometí el error de
levantar la cabeza y mirar a los ojos  de un policía, el cual respondió
a mi mirada con un golpe de puño duro y cerrado en mi estómago que me
quitó el aire por unos momentos. En la mesa  preguntaron mi nombre, mi
edad y nacionalidad, luego de eso me metieron a  un cuarto pequeño donde
una mujer gorda me ordeno quitarme toda la ropa,  pedía rapidez ante mi
torpeza producto de los golpes. "Señora estoy muy  golpeada, por favor
espere" le dije. Me revisó, me vestí nuevamente y  volvió a cubrir mi
cara con la chamarra. Salí del cuarto y nos ordenaron  hacer una fila de
mujeres para ingresar formadas y cabeza abajo al patio  del penal, que
luego me entere que le decían "almoloyita" en la ciudad de Toluca.

Han de haber sido las dos de la tarde del jueves 4 de Mayo cuando ya
estábamos dentro de las instalaciones del penal. Nos llevaron a un
comedor  y nos separaron a hombres y mujeres. En una esquina, en medio
de llantos  las mujeres nos contábamos las vejaciones de las que
habíamos sido objetos. Una joven me mostró sus calzones rotos y su
cabeza abierta llena  de sangre, otra contaba que la habían llevado en
medio de dos camiones  mientras la golpeaban, vejaban y decían "te vamos
a matar puta". Otra  joven me comento que tal vez y estaba embarazada,
todo en medio de llantos  y apretones de manos solidarios. El estado de
shock entre las mujeres era  evidente. En frente nuestro los hombres
conversaban entre ellos mientras  nosotras observábamos sus rostros
sangrantes y deformados producto de la  brutal golpiza. En eso estábamos
cuando una mujer se acerca a nosotras y  empieza a dar algunos nombres y
pide que nos separemos del grupo. Éramos  cuatro: Cristina, María ,
Samantha, Valentina. Se nos une al grupo un  quinto; Mario.
Éramos los cinco extranjeros detenidos. Al momento llega un hombre, creo
que era el director del penal y nos dice que allí donde estábamos,
estábamos seguros, que aquí nadie nos golpearía, que lo que hubiese
pasado  antes de ingresar al penal no tenía nada que ver con el, como si
dentro  del penal no nos hubiesen también golpeado. Le pedimos hacer una
llamada, petición que nos fue negada. Mientras los detenidos
visiblemente mas  heridos eras sacados del lugar rumbo al centro de
atención médica que  había dentro del penal; no eran unos ni dos, de los
ciento y tantos  detenidos que éramos, han de haber habido unos 40 con
lesiones gravísimas. Uno de los primeros en salir fue el anciano
moribundo que a mi lado en el camión iba, a quien no volví a ver nunca
más. Nos llegó el turno a los  extranjeros de ir a hacernos el chequeo
médico. Yo tenía moretones en los  pechos, la espalda, hombros, dedos,
muslos y piernas, se recomendó hacerme una radiografía de las costillas
pues me costaba respirar, cosa que en  ningún momento se hizo. La
enfermera que tomaba nota y el médico que me  atendió actuaban con total
indiferencia a mi persona y las lesiones que  presentaba. Salí de la
oficina médica a esperar que Cristina, María,  Samantha y Mario
terminaran el chequeo. El seudo chequeo médico terminó y  nos llevaron a
una sala para tomarnos declaración. Extrañamente un  licenciado salido
de quien sabe donde nos recomendó que no prestásemos  declaración,
comentario que era contradicho por las personas que estaban  tras la
maquina de escribir. "Esta bien si no quieres declarar, estas en  tu
derecho, pero sería bueno que dejaras constancia de lo que te pasó" me
decía una licenciada. Mientras hacíamos las declaraciones, comenzaron a
llegar al lugar muchos hombres de corbata que haciéndose los chistosos y
amables nos preguntaban quienes éramos y como y porque habíamos llegado
al poblado de Atenco, que si acaso sabíamos lo peligrosa que era esa
gente.
Cayó la lluvia y nos trasladaron al comedor con todos los demás
detenidos,  se nos obligó a sentarnos y no podíamos establecer contacto
con los  detenidos mexicanos, si queríamos ir al baño debíamos pedir
permiso. Llegaron funcionarios de derechos humanos a tomarnos
declaración y fotos  de nuestras lesiones, las declaraciones fueron
tomadas sin interés,  mecánicamente. Se nos obligó a que registráramos
nuestras huellas, nos  tomaron fotos de frente y ambos perfiles, nos
dijeron que eso no era una  ficha, que era un registro necesario pues
era muy probable que en la  madrugada saliéramos en libertad y que para
eso se necesitaba hacer la  ficha. Una olla de café frío y una caja con
bolillos fueron la cena. Ha de  haber sido la media noche y me acosté en
una dura banca de madera a tratar  de dormitar un poco, fue imposible,
hacía frío y no tenía cobija. Del lado  de los hombres, un rasta se dio
cuenta de mi impaciencia ante el no poder  dormir y comenzamos a
hablarnos de un lado a otro con señas. Estábamos en eso cuando se
presenta un custodio y comienza a dar los nombres de los  cinco
extranjeros. Nos levantamos, dimos un pequeño adiós a los demás
detenidos y abandonamos el lugar. Nos llevan a un lugar de registro, nos
entregan nuestras pocas pertenencias y nos sacan del lugar camino a una
camioneta diciéndonos que nos llevarían a una oficina de migración en
Toluca. Afuera del penal escuche voces conocidas que gritaban mi nombre,
me acerco a las rejas y puedo distinguir a muchos de mis amigos que me
preguntan como estoy, les digo que mas o menos y que nos llevan a
migración de Toluca. Ellos me dicen que me van a seguir que no me van a
dejar sola. Mi tía Mónica me pasa un sobre que contiene mis documentos
migratorios y María Novaro, mi maestra y mamá en México, me da una
chamarra para el frío. Así me subo a la camioneta que cierra sus puertas
y  oscuros nos vamos. Pasamos a una oficina en Toluca a buscar a una
licenciada y de ahí nos llevan a la estación migratoria de las agujas en
el DF.
Han de haber sido las tres de la madrugada cuando llegamos a la estación
migratoria. Ahí una vez mas, un médico de mala gana constató lesiones.
Dormitamos un rato porque a la hora en que llegamos no era horario de
oficina, así que no habían muchos funcionarios en el lugar. Dieron las 7
de la mañana y un auxiliar nos llevo cereal con leche. Luego me tomaron
declaración, una declaración en donde además de preguntar por mis datos
personales, me hicieron preguntas cómo: conoces al EZLN?, has estado en
Ciudad universitaria?, participaste en el foro mundial del agua?,
conocías  a los otros extranjeros detenidos?, etc. Firme la declaración
a la que se  adjunto mi documento migratorio, una carta de mi centro de
estudios, una  carta de mi maestra María Novaro, mi pasaporte, mi cedula
de identidad  chilena y mi credencial internacional de estudiante.
Estaba en eso cuando  recibo una llamada del cónsul de Chile en México,
quién me pregunta mi  nombre, el numero de mi cedula de identidad y si
tengo algún pariente en  México, me informa que lo que el puede hacer es
velar que el proceso  correspondiente se realice en las condiciones
legales pertinentes. Regreso  a continuar mi declaración y las preguntas
sobre el EZLN, el subcomandante Marcos y Atenco se repiten. Mientras
tanto afuera de la  estación migratoria se habían congregado amigos y
familiares, con los  cuales no se me permite comunicar, traté de hacerlo
a través de señas y  carteles, pero incluso eso nos es negado. Me llevan
a un cuarto en donde  hay tres hombres que me dicen que están ahí para
ayudarme, ellos me toman  fotos de frente y ambos perfiles y en todo
momento graban la conversación.  Me preguntan mi nombre y si tengo algún
alias, que si conozco al EZLN, que  si he ido a la Selva Lacandona, que
les de nombres que puedan dar  antecedentes de mi, que qué tipo de
documentales me gusta realizar. Me  dicen que mi amiga América del Valle
esta preocupada por mi porque me  había perdido mientras escapábamos del
lugar, mujer de la cual recién en  Chile me entero que es una de las
dirigentes de Atenco que la policía  persigue. Al terminar el
interrogatorio, mis huellas dactilares son  tomadas en una maquina muy
sofisticada que va a dar a una computadora. Me  sacan de la sala y me
llevan a otra donde hay tres visitadoras de la  comisión nacional de
derechos humanos y luego de que las dos españolas y yo les contamos lo
que hemos vivido, nos recomiendan urgentemente  solicitar un abogado
para que se gestione un recurso de amparo ante una  posible deportación.
El ambiente ya es tenso, así que le pido a una de las  abogadas una
pluma y un papel, para escribir "1 abogado" y mostrárselos por la
ventana a mis amigos que están afuera,  en ese momento entra un
licenciado de migración y al verme escribiendo me  dice: "necesitas un
abogado?, yo soy abogado, cual es tu problema", le  contesto que quiero
poner un amparo, ante lo que el me responde que no es  conveniente poner
un amparo porque el amparo implicaría estar en la  estación migratoria
un mes y que lo mas probable era que pronto saliésemos  en libertad, las
visitadoras de derechos humanos, lo increpan y le dicen  que por favor
me dejen hablar con alguna de las personas que están afuera. La visita
se concede y hablo con Berenice, con quien me dejan hablar cinco
minutos, a ella le digo que necesito un amparo y me dice que eso ya
esta.  Me despido abruptamente de ella y luego me llevan a hacerme un
chequeo  médico por segunda vez en esta estación migratoria, estoy en
eso, cuando  un licenciado llega apresuradamente a interrumpir el
chequeo y me dicen que me van a trasladar a otro lugar, yo pregunto que
adónde y no se me da respuesta. Al salir de la consulta médica me
encuentro a una de las visitadoras de derechos humanos y le digo que por
favor avise a mis amigos  que están afuera que me van a trasladar, le
pregunto al licenciado que  adonde me llevan y me responde que a las
oficinas centrales de migración, no me dejan seguir hablando con el y me
suben a un auto particular en el  que también estaba Mario, mi
compatriota. Me subo, se suben tres policías,  se cierran las puertas y
una policía pide cerrar las ventanas. La reja de  la estación migratoria
se abre y el carro se va como escapándose de algo.  Íbamos por
periférico a más de 100 Km. por hora en medio de un tráfico
contundente. Pregunto que adonde nos llevan y no obtengo respuesta, ya
en el camino, me doy cuenta que vamos rumbo al aeropuerto y que delante
de  nosotros van dos carros más; uno con Samantha, la alemana y otro con
María  y Cristina, las dos españolas. Ante la inminencia de la expulsión
injustificada en todo momento, no me queda más que cerrar los ojos y
apretar los dientes y pensar: otra violación más. Llegamos al aeropuerto
como a las 6 de la tarde. Nos bajan de los autos y nos ingresan
custodiados a una sala completamente blanca donde nos mantienen
detenidos  una hora o más. Luego nos ingresan a las salas de espera al
interior del  aeropuerto, donde nos mantienen custodiados. Primero sale
el vuelo de  Samantha. Seguimos esperando y en la espera yo no hago mas
que llorar, me  siento mal, me paró y trato de caminar por el pasillo,
se me acerca una  custodia y me dice que debo estar sentada, "me siento
mal" le digo, "no me  voy a escapar, déjame".
Sigo llorando y un policía se acerca y me dice: "ya no estés así, no
conviene esa actitud, si te sirve de consuelo, déjame decirte que no
estas deportada, que solo has sido expulsada del país, pero puedes
volver a  entrar en cualquier momento". Ilusamente sus palabras me
calman. Nos llevan a un bar a fumarnos unos cigarros porque todas
estamos muy alteradas. El vuelo de Lan chile de aproximadamente las once
de la noche es anunciado, a mí y a Mario nos llaman, nos despedimos de
María y  Cristina con un apretado abrazo. Nos formamos en la fila y nos
entramos al  avión. Dentro del avión uno de los pasajeros se acerca a mí
y me entrega  unas cartas que han mandado mis amigos que estaban afuera
haciendo todo lo  posible para detener esta injusta expulsión. Caen mis
lagrimas de no saberme sola, la custodia que va a mi lado, me dice que
qué me pasa, le cuento mi caso; le digo que llevo viviendo en México 11
años, que mi vida  esta en ese país, que nunca se me dijo que estaba
pasando, que todo el  procedimiento ha sido ilegal, que he sido golpeada
y vejada por la  policía. Me dice que a ella le avisaron 30 minutos
antes de subirse al  avión que viajaría a Chile, que a ella no le
dijeron nada, pero que si  notaba que algo raro hubo en el
procedimiento, porque normalmente antes de  deportar a alguien se pasa
mínimo un mes en la estación migratoria, que ha  de haber sido una orden
dada desde arriba. Ya asumiendo mí expulsión me  pongo a platicar con
ella y le digo que lugares de Santiago puede visitar el corto tiempo que
dure su estadía. El cansancio y la impotencia son  demasiadas, me
duermo. Me despierto con la cordillera de los Andes en la  ventanilla
del avión. Bajamos del avión, nos entregan a policía  internacional,
donde nos toman declaración del porque de nuestra deportación y/o
expulsión. Afuera me esperaba mi familia, llantos, besos, abrazos. Nos
vamos al hospital a constatar lesiones y rápidamente armamos  una
conferencia de prensa con televisión y radio, en donde denunciamos la
ilegalidad de nuestra expulsión y la brutalidad policial de la que
fuimos objeto.
2.- Después de lo que les he contado quisiera hacer de su conocimiento
mi  total rechazo, indignación y rabia ante:
a) la utilización de la violencia física, psicológica y sexual como arma
de tortura y coerción en contra de las mujeres.
b) la brutalidad policial de la que fuimos objeto todos los detenidos,
más  allá de nuestras nacionalidades.
c) la ilegalidad de mi deportación en dos sentidos: por haber estado
mis  papeles migratorios en regla y por el rechazo al amparo
presentando,  argumentando mi ausencia en el país, cuando yo aun estaba
en México.

3) Por lo expuesto anteriormente anterior, estamos estudiando con
nuestros  abogados, orientar nuestras acciones tendientes a lograr:
a)Se nos restituya el derecho a seguir estudiando en México por medio de
todo tipo de gestiones con el gobierno chileno y mexicano;
b)gestiones a nivel diplomático con la embajada de México en Chile;
c)poner una querella criminal contra la policía por delito de lesiones
d)entablar una demanda contra el estado mexicano por deportación ilegal.

¡No a la violación , no al uso de mujeres y hombres como objetos, no a
la  brutalidad y a la tortura, no a la justificación de la violencia!

Atte.

Valentina Palma Novoa
valenpalma@hotmail.com
teléfono celular en Chile: 08-2972308